Spot imperdible en Nuñez: Cheile Café

El café de especialidad se establece cada vez más en los barrios porteños. En general, son jóvenes los que, cansados de no encontrar un buen café en la ciudad, deciden emprender para darle a la gente algo no sólo exquisito, sino también de calidad. Hoy hablamos de Cheile Café, ubicado en el barrio de Nuñez, un proyecto que empezó hace más de un año.

Todo comenzó con cuatro amigos que trabajaban juntos. Nancy, quien es colombiana y súper fanática del café, se encargaba de llevarles uno rico todos los días. Había hecho un curso de barista y siempre estaba al tanto de las nuevas cafeterías. Pasó el tiempo y Rochi, una de las socias, comenzó a interiorizarse en el tema del café junto con Nancy y un día surgió la idea: ¿Por qué no abrir una cafetería de especialidad?

A nivel personal les era muy difícil tomar un buen café en Buenos Aires. “A veces tomaba más por la necesidad que porque era realmente bueno”, me contó Nancy. Empezaron por observar cafeterías que a ellos les gustaban y vieron que eran muy urbanas, pero ellos tenían un concepto del café más relacionado a la montaña, por este motivo, los elementos del local remiten a eso; cuando ingresen, verán que el piso es de cemento alisado, las mesas son de madera, y en las macetas hay pequeñas plantas de café. Es un lugar hermoso, que te transmite mucha tranquilidad, perfecto para ir a relajarte.

“El proyecto se fue dando como queríamos, lo principal era el café pero también algo que lo acompañara sin que perdiera el protagonismo”, por eso, y para que pueda consumirse a diario, la carta de Cheile es como es: preparaciones con ingredientes frescos y precios accesibles.

Todo es elaborado por ellos, desde los panes y croissants, hasta el salmón curado que usan para los sandwiches. Hay muchísimas cosas exquisitas entre las cuales elegir; para el mediodía sandwiches, wraps y ensaladas súper tentadoras. Mientras que para el desayuno y la merienda hay algunas cositas dulces, entre las que se destacan las french toasts y el alfajor de almendras; y, por el lado de lo salado, sobresalen tostadas con diversos toppings y sandwiches, como el croque madame.

Fuimos para merendar y claro que tomamos café. Está buenísimo porque no importa que no tengas idea del café de especialidad, te ayudan a elegir cual es el mejor para vos según tus gustos. Yo pedí un Flat White, que me encanta, mientras que mamá, un poco más perdida en el tema, eligió un Capuccino (aconsejada, claro) y quedó muy contenta. Ambos vinieron con un Latte Art para morirse de amor.

Para acompañar elegimos la tostada con palta, tomates secos y almendras, que viene en un pan integral que no podía ser más increíble. Un Croque Madame, que viene en pan de campo, relleno con jamón, parmesano, bechamel y huevo, una verdadera bomba que vale la pena probar; tranquilamente pueden pedirlo para almorzar, es súper abundante.

Como para cortar con tanta dulzura, elegimos algo de su pastelería: el alfajor de almendras, del cual escuchamos maravillas. Las tapas son bien crocantes y viene cargadísimo de dulce de leche. Es realmente delicioso. Perfecto para cuando estas antojado de algo dulce.

En Cheile van a encontrar el espacio ideal para relajarse, con un personal súper amigable, y un ambiente único que les dará esa sensación de frescura, que siempre viene bien para cortar con la rutina diaria.

Una vez que probas el café de especialidad, no hay vuelta atrás. Conocimos uno nuevo en Nuñez en el cual hacen absolutamente todo lo que ofrecen al público: Cheile
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